WIR HABEN ES GESCHAFFT!
6 WOCHEN INTENSIVES ZUSAMMENLEBEN
Wenn die Tiere sprechen könnten und sie jemand fragen würde, was ihnen am Camino am besten gefallen hat, dann würden sie vielleicht auch antworten: “dass sich die Menschen so gut benommen haben”, die vielen Streicheleinheiten und die extra Leckerlies, die Freiheit nach herzenlust über die Wiesen und Wege laufen zu dürfen, wo immer es ihre Sicherheit erlaubte. Die Esel und die Pferde würden sich wohl an die saftigen, grünen Wiesen erinnern, die wir für sie gesucht haben, Jausenbrot und Äpfel, die wir mit ihnen geteilt haben, und die Hunde vor allem die Streicheleinheiten und unsere Nähe.
Zumindest schliesse ich dies, aus der Art, wie sie uns jeden Morgen begrüsst haben, wenn wir endlich den Mut aufbrachten um unseren warmen Schlafsack zu verlassen, um uns einem neuen Tag zu stellen: Feodor, das Pferd, ein gutaussehender blonder „Herr Pferd“; Felix, das Pony, ein charmanter, schelmischer Lausbub; Moreno, der beste Pilger-Esel der Welt mit viel Erfahrung; und Linda, die hübsche Eselin, die sehr schnell gelernt hat worauf es am Camino ankommt; alle vier in Erwartung ihres morgentlichen Stückes Brot, die tägliche Extra-ration; und die Hunde, die ungeduldig darauf warten aus dem Zelt zu dürfen, ausser Alfie, der mit frühaufstehen nichts auf dem Hut hat!
Das morgentliche Ritual, aufstehen, streicheln, schwanzwedeln, Frühstück, Pfoten eincremen, Hufe säubern… Unsere unermüdlichen Webbegleiter auf dem Camino: Lilly, eine absolute Zugmaschiene, nicht müde zu kriegen; die Windhunde Filou und Luca, die beiden Seiltänzer der Gruppe; der alte Benny, unser Lagerwächter; der kleine Grillo, blind aber schlau wie ein Fuchs; Pablo und Anais, das unzertrennbare Pärchen, anschmiegsam und liebenswert; Alfi, der „knackige“ Österreicher, stark, energetisch aber ein absoluter Energiesparmeister; und unser Sonnenkind Joschy, immer fröhlich, aktiv und stets bereit; und nicht zuletzt Ronja, die Jägerin, Morgana und Noa, unsere Wegbegleiterinnen der zweiten Woche. Ich glaube sie alle haben den Camino mindestens so sehr genossen, wie wir.
Aber ich kann nur annehmen, dass es so ist, mit Sicherheit weiss ich nur, dass für mich das Allerschönste, das enge Zusammenleben mit den Tieren war. Jeden einzelnen von ihnen kennenzulernen, mit ihrer sehr persönlichen Art, ihrem Charakter, bis hin zu ihren Manien, ist eine schöne Erfahrung. Aber am meisten berührt mich immer noch diese Faszination zu erleben, wie wenig wir uns doch von ihnen unterscheiden.
Es ist mir schon klar, dass viele Menschen sich sich nicht so gerne mit den Tieren verglichen sehen, oder sich gar angegriffen fühlen, aber ich möchte mich hier nicht über Fragen unseres Ursprungs auseinandersetzen, sondern vielmehr die positive Seite der Dinge, die wir gemeinsam haben, hervorheben, wie etwa die Fähigkeit Freude oder Trauer zu empfinden, der Bedarf an Zährtlichkeit, Verständniss, Sicherheit und einige Eigenschaften, in denen sie uns sogar überlegen sind, wie etwa Loyalität und die Fähigkeit zu verzeihen.
Eine Freundin, die Psychotherapeutin ist, hat einmal zu mir gesagt, dass sich Tiere –unter anderem- darin von uns unterscheiden, dass Tiere nicht interpretieren (manchmal zweifle ich daran, wenn mein Hund mich mit seinem „Du warst bei einem anderen- Blick“ anschaut und von oben bis unten abschnuppert), aber wir Menschen, wir interpretieren. Nur vergessen wir manchmal, dass Interpretationen eine hohe Fehlerrate haben. Wir haben auch die Schöfungsgeschichte so interpretiert, dass wir sie als Rechtfertigung dafür verwenden können Tiere zu „benutzen“ und zu misshandeln. Wenn wir mit unserem Camino erreicht haben, dass einige Menschen, das was sie immer gelaubt haben, einmal hinterfragen, und erkennen, dass auch Tiere ein Recht haben auf diesem Planeten zu leben, dann haben wir unseren Zweck erfüllt.
Es war eine unglaubliche, und für alle Teilnehmer bereichernde Erfahrung, und ein ausgezeichnetes Beispiel um aufzuzeigen, dass ein harmonisches Zusammenleben zwischen Menschen und Tieren möglich ist, und dies zum Wohl aller Beteiligter sein kann.
Ich bedanke mich bei allen Teilnehmern, Volunteers, unseren zahlreichen Freunden der Tierschutzvereine, die uns auf unserem Weg begleitet und unterstützt haben, den Medien, die uns geholfen haben diese Nachricht in die Welt zu tragen.
Mit unserer Ankunft in Santiago und der Tiersegnung in San Francisco, haben wir unser Ziel erreicht, aber der Camino bleibt bestehen, mit seiner Schönheit, Bildern, die tief in unserer Erinnerung eingraviert sind, und tausende von Pilgern werden diese Wege weiterhin beschreiten. Leider bleiben auch die vielen Kettenhunde, vor allem in Galizien, die traurigerweise nicht zuletzt wegen der vielen Pilger die dort vorbeigehen, an der Kette hängen.
Wir können die Welt nicht verändern, wir haben nur ein paar Samen am Wegrand gesäht, einige davon werden aufgehen und wachsen.
BUEN CAMINO
Johanna
Monte do Gozo – Santiago (29/04/2011)
En los últimos tiempos, y dada la revolución tecnológica a la que venimos asistiendo, todo acontecimiento que se precie es automáticamente registrado a través de la lente de una cámara de fotos y/o de video. En ocasiones, es tal la histeria por guardar el preciado momento, que acabas percibiendo la realidad del otro lado del visor. Y esto es porque tememos caer en las arenas movedizas de la memoria y olvidar los colores, los olores, las formas, las emociones… que configuran un recuerdo, un maravilloso recuerdo.
Llegar a Santiago de Compostela, después de 42 largas jornadas de viaje, con sus días y sus noches, con sus idas y venidas, sus ratos de tensión y de alegría, sus dificultades técnicas… merece un registro pormenorizado de cada detalle, porque es todo un éxito en sí mismo. Así lo hizo Telecinco y Correo TV, que nos acompañaron durante la jornada para ser testigos de nuestra entrada a Santiago. M. José y Mónica completaron el registro con sendas cámaras de fotos y, gracias a todos ellos, podemos narrar en imágenes lo que ocurrió durante el día. Yo voy a poner, a continuación, palabras a lo ocurrido.
Puedo contar, por ejemplo, que al emprender la marcha, muy temprano, se respiraba en el ambiente un aroma a celebración. Puedo contar que andamos unos pocos kilómetros, atravesando calles, carreteras y glorietas, que hubo gentes que nos salieron al paso. A las 10:30, aproximadamente, llegamos a la Iglesia de San Francisco. Sin demora, entramos a la iglesia cuando el Fray Paco nos lo señaló. Los caballos y burros se mostraron reacios, al principio, a entrar en ese lugar oscuro, cerrado y desconocido para ellos, pero una vez dentro se portaron de maravilla. Los perros nos siguieron encantados, deseosos de dormir una siesta en el suelo fresquito.
Todo el grupo se dispuso en forma de media luna para ver y escuchar todo cuanto iba a decirse en la bendición de los animales. Era el momento culmen de nuestro viaje. Las palabras comenzaron a brotar de labios del Padre Paco con calma y dulzura, con tanto amor y cariño que nos reconfortó a todos.
De todo cuanto dijo, me quedo con la “Bendición para ti”, que dice así:
Que el amor sea luz de esperanza en tu caminar.
Que la paz sobreabunde en tu corazón.
Que la bondad sea tu huella en esta vida.
Que la fe te afiance frente al misterio de la vida.
Y que, llegado el momento de alcanzar la meta,
el amor te abrace eternamente.
Sé feliz, haz felices a los demás.
Una vez terminado el acto, y después de mojar a los animales con agua bendita (Grillo se despertó de mala gana cuando le salpicaron jajajaja), salimos todos con gran emoción al exterior, con la sensación de haber alcanzado la meta, de haber cumplido lo prometido.
Ha sido un largo y duro camino, pero ha merecido la pena. Ahora, una vez terminado el viaje, nos quedan cientos de fotos que nos recuerdan lo que hemos vivido. Pero lo cierto es que, por muy avanzados tecnológicamente que estemos, nada puede compararse con la realidad: el canto de un pájaro, el rayo de sol que te ciega, el croac de las ranas, el agua que te moja, el tacto de la hierba y las hojas, el roce de un perro, el rebuzno de un burro, el pelaje del caballo, las risas de los compañeros, las conversaciones de desconocidos…
Todo ello configura un grandioso recuerdo, porque ha sido una grandiosa experiencia que merece la pena vivir. En cuanto a nuestra labor de concienciación, hemos hecho todo cuanto hemos podido, desde el amor y el cariño que sentimos hacia los animales. Seguiremos trabajando, porque se merecen un mundo mejor y más justo.
Gracias por compartir este viaje con nosotros. Me despido de todos con un “Hasta pronto”, y que seáis muy felices ![]()
Cristina Gómez.
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Santa Irene-Monte do Gozo (28/04/2011)
La jornada comienza bien temprano con la visita de TVE que nos graba para el programa “Las mañanas de la 1″. Casi no hemos terminado de desayunar y corremos para preparar a los animales, la mochila, el bocadillo de media mañana… Casi sin darnos cuenta, comenzamos a andar, que el tiempo se nos echa encima.
En ocasiones, y a pesar del ajetreo que supone organizar y coordinar a un grupo numeroso de animales y personas, podemos parar y deleitarnos con el paisaje, con la conversación de los compañeros o, incluso, con el silencio. Deleitarnos con un sendero que atraviesa un bosque de pinos altos y que nos deja una sombra alargada, deleitarnos con un arroyo que borbotea al pie del camino, con especies herbóreas que crecen en los márgenes y nos son del todo desconocidas, con paisajes frondosos, deleitarnos con la conversación de un desconocido, también peregrino, o con la compañía silenciosa de los animales, que se tiran encima tuya en busca de cariño y te “muerden” las manos por si quedan en ellas algo de comida.
Así, las horas pasan volando, disfrutando de ellas, como un paréntesis que se abre en medio del estrés diario y las prisas, del ruido del tráfico que te espera a la vuelta, de las horas pesadas cayendo como gotas en el reloj de la oficina… Así es el Camino y así es como te engancha.
Unos kilómetros más tarde decidimos parar para tomar algo (una cervecita bien fría). Los perros duermen una siesta, al cobijo de una sombra. Los caballos y burros comen hierba fresca. Como estamos de buen ánimo, como casi nos parece ver ya, como un espejismo, a lo lejos, la Catedral de Santiago, paramos hasta dos veces más en nuestro camino, para celebrarlo. Así, demoramos nuestra llegada a Monte do Gozo hasta las 6 de la tarde, minuto arriba, minuto abajo. Una vez allí, todo el grupo inmortalizamos el momento con una fotografía y algunos corren a abrazarse. ¡Es tan grande la emoción contenida!
Muy cerca se encuentra el campamento. Al poco de llegar, Narciso y yo acompañamos a un responsable de protección civil que nos enseña el recorrido para el día siguiente. No puede fallar nada. Es nuestra entrada a Santiago de Compostela, el momento que estábamos esperando.
De vuelta al campamento, toca acicalarse un poco para la fiesta. Aunque estamos cansados, brindamos por nuestro viaje y por el resto de amigos que nos han acompañado. Es buen momento para hacer balance. Con una mezcla de emociones, dudando entre la alegría por llegar a nuestro destino y volver a casa y la tristeza y melancolía porque esta maravillosa experiencia se acaba, los peregrinos poco a poco nos vamos retirando a la cama. Toca descansar y ahorrar energías para el último día.
Cristina Gómez.
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Melide-Santa Irene (27/04/2011)
Como ya he dicho en alguna ocasión y, si no es así, lo digo ahora, durante el Camino es muy fácil perder toda noción del espacio-tiempo. Cada día avanzas a un lugar diferente y da igual si es lunes o martes o domingo. La rutina siempre es la misma. Es normal, por tanto, llamar y despertar a un amigo una mañana de sábado y preguntarte: “¿Pero no debería estar trabajando?”. Lo que ocurre es que acabas por olvidar el día que es y el lugar donde estás.
Para más inri, cuando se acerca el final de algo sientes que todo se precipita, va más rápido que de costumbre y echas cuentas de todo lo que queda por hacer o lo poco que queda para llegar.
En Santa Irene, el albergue se encuentra en el margen derecho de la carretera. La persona encargada del mismo nos dice que no cree que haya problemas con las camas y que podemos montar el campamento fuera, en un pequeño parque. Junto al albergue no hay ni un restaurante ni un bar ni casi nada. Es por ello que, a lo largo de la mañana, vemos pasar sin demora a los peregrinos, camino de O Pedrouzo. Por no haber, no había tampoco cobertura ni para los móviles ni para conectarse a Internet.
Ese día hizo un calor de muerte. Con el estómago dando la lata, Mónica y yo nos fuimos a reunirnos con los peregrinos para comer en un punto intermedio del camino. Nos perdimos en más de una ocasión, pero gracias a Didi, que es un cielo, conseguimos llegar a buen puerto. Los peregrinos dormitaban al sol o a la sombra y los animales comían o descansaban. Andrea (Alfie) y Herta, ya muy cansadas, volvieron al campamento con nosotros.
Al poco, la tarde se nos echa encima. Todo va tan rápido ahora… Los peregrinos llegan a Santa Irene, se duchan, descansan un poco. Comemos unas lentejas de Didi, muy ricas y reconstituyentes, y hablamos de los próximos dos días. Llegamos al final de nuestro viaje y tenemos que organizarlo todo. No queda tiempo, pero hay que seguir avanzando hacia adelante…
Cristina Gómez.
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Gonzar-Melide (26/04/2011)
De los 42 lugares por los que pasamos en este viaje, yo diría que el 90% eran totalmente desconocidos para mí cuando salí de Málaga. No me imaginaba, por ejemplo, que Benavente, que me sonaba de oídas, como quien dice, era tan pequeñito o que La Bañeza me parecería mucho más interesante (antes, habría jurado justo lo contrario).
Tampoco sabía que existían dos Melides: una en Lugo y otra en A Coruña. Este tipo de cuestiones son las que te hacen programar el GPS erróneamente, avanzar hacia el destino durante 30 kilómetros; ser, entonces, consciente de que vas en dirección contraria y dar la vuelta para andar otros 60 y tantos kilómetros, con la hora pisándote los talones y los nervios de punta.
Y es que en Melide tenía concertada la última charla del programa educativo. Mónica y yo llegamos con la lengua fuera, pero llegamos. Organizamos los materiales (lo grabamos en video. De esta manera queda para la posteridad cómo hago el payaso delante de los niños) y comenzamos la clase. Los chicos respondieron bien, como siempre. Mónica dice que se divirtieron. Yo creo que también. Es, como he dicho otras veces, muy reconfortante escuchar sus risas, percibir sus miradas interesadas, responder a sus comentarios y llamadas (algunos días pensé que me borraban el nombre)…
Después de eso, y ya con una cierta melancolía, Mónica y yo buscamos albergue donde pasar la noche. Dadas las dificultades técnicas que encontramos, el Ayuntamiento nos aconsejó el Palacio de Ferias y Exposiciones, habilitado a tal efecto, que, justo al lado, tiene una nave donde se celebra la Feria de Ganado y donde podíamos dejar los caballos y burros.
Ya con la tarea cumplida, paseamos por el centro de Melide. Allí nos encontramos con la grabación de una serie de televisión de época, por lo visto, de una cadena autonómica. La secuencia era la siguiente: Un coche irrumpía en la plaza, junto a la Iglesia. Un hombre bajaba, entregaba un anillo a un chico en silla de ruedas, que esperaba junto a su prometida y los demás invitados, le decía algo, el hombre subía de nuevo al coche y salía pitando, mientras los demás entraban en la iglesia. ¿Sencillo, verdad? Pues no sabría decir cuántas horas pasaron allí ni cuántas veces repitieron la secuencia. Bendita paciencia la de los actores y técnicos.
De vuelta al campamento, seguimos con los descubrimientos, aunque esta vez, no fueron tan gratos. Descubrimos, por ejemplo, que, dentro del recinto donde se celebra la Feria de Ganado, había un perro atado con una cadena de hierro a un poste, que llevaba allí horas, que no tenía agua ni comida cerca y, lo que colma el vaso, que estaba totalmente aterrorizado. De hecho, me acerqué a él para valorar mejor la situación y casi se ahorca con tal de salir corriendo y alejarse de mí.
Con el corazón acongojado, le llevé un poco de agua y pienso y pregunté por ahí para conocer lo que sucedía. Una fuente, bastante fiable, me informó. Me dijo que Melide no tiene protectora, que el Ayuntamiento da orden de coger a tal o cual perro, que está abandonado, lo atan al poste durante 20 días y si nadie lo quiere, lo llevan a la perrera. Y yo me pregunto: ¿Estamos locos o qué? He debido perderme algo. Que alguien me lo explique, por favor. Si esto es así, es del todo indignante.
Igual que desconocía la mayor parte de los lugares por lo que pasamos o cómo se graba, realmente, una secuencia en cine o televisión, también desconocía que todavía haya Ayuntamientos que tengan en tan míseras condiciones a los animales. Imaginaba que en muchos lugares no habría protectoras, pero no que el remedio que aplicaran fuera peor que la enfermedad.
Es preciso que sigamos luchando contra todos estos abusos, persiguiendo a los responsables, reclamando más y mejores medidas de protección animal, haciéndonos eco del maltrato y dando voz a quienes no la tienen.
Este Camino te acerca a cosas maravillosas pero, a veces, también te encoje el alma.
Cristina Gómez.
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Barbadelo-Gonzar (25/04/2011)
Para variar, el día amaneció con incertidumbre: “¿Podremos reservar camas en el siguiente albergue? ¿Habrá sitio para los animales?” La respuesta a las dos preguntas fue un rotundo NO. Visto lo visto, Andrea (horses) y yo acampamos en un albergue privado, el doble de caro que el municipal, pero con un terreno espléndido para los animales.
Como dicen, después de la tormenta siempre llega la calma y, así, hemos pasado de la lluvia al sol abrasador de media tarde. De hecho, Martin, Ellen y Beate, después de varios días de caminata, están cogiendo un buen bronceado ![]()
Mientras los peregrinos hacían un alto en el camino y comían algo (a la sombra de un buen árbol, por supuesto), Andrea y yo picoteábamos en Gonzar y charlábamos animadamente sobre libros, películas y otros entretenimientos varios (se echa de menos la civilización
). Un insecto me miraba detenidamente (creo que le caí en gracia) y volvía una y otra vez a posarse en mi brazo. El sol caía pesadamente sobre nuestras cabezas. Grillo y yo nos metimos en la tienda y dormimos un rato.
Al cabo de una hora, minuto arriba, minuto abajo, llegaron los peregrinos, locos por pillar la ducha y un buen plato de comida caliente. Por la noche, cenamos en el restaurante del albergue y, con el estómago bien lleno, nos metimos en el saco para dormir.
A estas alturas de la película, como quien dice, se nos acumula el cansancio (y las prisas). Es como ese sol que te ciega y del que quieres esconderte todo el rato. Lo malo es que el cansancio, como el sol, a veces, no te deja disfrutar de las pequeñas cosas que van sucediendo a lo largo del día.
Por ello, y porque estamos en la recta final, yo me esfuerzo por guardar en mi memoria el canto de los grillos y los pájaros, el arrullo de la brisa, el crujido de las hojas, el azul brillante del cielo y las estrellas centelleantes de la noche, los formas y colores de los insectos (antes desconocidos), el tacto de las plantas, la humedad del rocío…
A estas alturas, seguro que nos perdemos algo, pero lo esencial siempre queda.
Cristina Gómez.
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Triacastela-Barbadelo (24/04/2011)
Por lo general, procuro describir en este blog anécdotas divertidas, historias curiosas, acontecimientos del día… normalmente, con un tono jocoso, alegre y optimista. Pero, como no es de extrañar, también suceden otras cosas que ponen los nervios de punta.
He observado, según vamos acercándonos a Santiago, que el Camino o peregrinaje se convierte, a medida que vas ganando kilómetros, en un negocio muy rentable.
El hospitalero (de hospitalario) deja paso al empresario (money, money). Ahora cuando llegas a cualquier lado con un problema es TU problema, no corren a buscar soluciones ni te ofrecen alternativas (como antes), ni siquiera, en muchas ocasiones, son simpáticos. NO significa NO, y utilizar los baños SIEMPRE cuesta dinero (la friolera de 5 euros).
Poner una lavadora y una secadora te puede salir por 8 euros. Pero es más, cuando reservas cama, aunque hayas soltado entre 70 y 80 euros por 7-8 personas, te agobian para que comas en su restaurante, te vigilan lo que haces o no haces y, sobre todo, si pueden sacarte más dinero ten por seguro que lo intentarán. Nada de utilizar la electricidad o coger agua para los animales. Nooo… No como antes, que eran mucho más hospitalarios, en la mayoría de los casos.
En Barbadelo no pudimos reservar cama (lo que, por contra, me parece normal) y nos dejaron utilizar los baños (menos mal, porque no siempre hay un buen recodo que sirva al mismo fin
).
Pero lo que sí ocurrió es que apareció un tipo que ni se presentó, ni dijo quién era, ni un “buenas tardes”, ni nada. Y de repente empieza a pegarme voces diciendo que quién nos había dado permiso para estar allí, que hacíamos lo que nos daba la gana, que nos iba a denunciar si le pasaba algo a los árboles y un largo etcétera.
Yo intentaba explicarle: “Mire usted, somos tal y cual, hemos preguntado a fulanito y menganito…” Cuando me cansé del tono que el tipejo ése utilizaba conmigo, le espeté: “A mí me habla usted bien”, por no decirle: “¡Déjeme en paz, viejo maleducado!”.
Porque todo en esta vida puede hacerse de muchas maneras, pero la correcta siempre es con educación. Porque pueden venir y decirme que estamos mal aparcados, que estamos molestando, que tenemos que irnos de allí… pero con educación, de buenas formas, con una sonrisa y un poquito de simpatía. Ahora, faltando al respeto ni mijita.
A veces me pregunto: Si la gente no es capaz ni siquiera de tratarse bien los unos a los otros, ¿cómo van a tratar bien a los animales? O quizás la pregunta sea al revés. No se sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina, pero lo que está claro es una cosa: Así, no vamos bien.
Dicen que cuando llegas a la Catedral de Santiago, en muchas ocasiones, te acercas al primero que pillas, a cualquier desconocido, y puedes abrazarte y llorar como si fueras “Marco”, reencontrando a su madre.
Ojalá todo el mundo pudiera pasar 42 días de viaje, con sus días y sus noches, con sus dificultades e inconvenientes, y sentir la grandeza que hay detrás de la amabilidad de un extraño.
Cristina Gómez.
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Laguna de Castilla-Triascatela (23/04/2011)
Triacastela es un pueblo pequeñito que nos costó la vida encontrar. Menos mal que Didi nos guió a Andrea (horses) y a mí hasta el lugar, porque si tengo que llegar con el GPS… (a estas alturas odio a la mujer que me habla por el altavoz y repite constantemente: “Por favor, dé la vuelta ahora”, por no decir: “Te has vuelto a equivocar, gilip…”) jajajajaja En fin…
Pero lo cierto es que mereció la pena. El albergue municipal tiene una ubicación de lujo, rodeado de hierba alta y verde, a espaldas de las montañas. Allí montamos el campamento, pero, viendo la avalancha de peregrinos que iban llegando, tuvimos que reservar cama en otro albergue más alejado, aunque con un personal encantador.
Mientras nuestros peregrinos caminaban por angostos senderos, carreteras transitadas, bifurcaciones de caminos… yo paseaba (en un momento de respiro, que yo no camino, pero me estreso mucho organizando
) por el pueblo para visitar la Feria de Artesanía que se celebraba precisamente ese día. Lo que más me gustó fue ver y oír a un grupo de chicos vestidos con las ropas típicas del lugar y tocando unas gaitas que sonaban como ángeles.
Al cabo de un par de horas, los peregrinos llegaron al campamento. Es hora de meter maletas, llevar a peregrinos al albergue, sacar maletas, volver al campamento, meter maletas… Así pasó un buen rato. Durante ese tiempo, Nuria y Ana se ducharon, recogieron sus cosas y se prepararon para volver a casa.
Lo cierto es que odio las despedidas, sobre todo, cuando se van aquellas personas a las que has cogido cariño y que no sabes cuándo vas a volver a ver.
Narciso y yo pillamos el coche y las llevamos hasta Baralla (si no recuerdo mal). Allí tomaban su autobús de vuelta a casa.
Me hubiera gustado mucho no, muchísimo, quedarme con ellas y cenar algo, brindar con una cervecita y echarnos unas risas como otras noches. “Los cuatro fantásticos” o los “cuatro mosqueteros” juntos de nuevo
Pero no pudo ser. Se hizo pronto de noche y la carretera estaba en mal estado. Queda pendiente, pues, para la próxima.
Me quedo con las lágrimas de Nuria al despedirse de Pablo y Anaïs (ella los conoce desde que era cachorros), porque dicen mucho de su enorme dulzura, su amor y cariño por los animales, su personalidad tranquila y alegre al mismo tiempo.
Me quedo con los besos de Ana a Pablo y Anaïs (tan amorosos), con su risa alegre, sus gustos e inquietudes tan dispares (queda pendiente que me enseñes esa canción) y su compañía.
Seguimos en contacto (Nuria, nos vemos para una caminata o una cervecita o lo que quieras en Málaga. Ana, a ver si es verdad y te pegas una escapada “pal sur”
). Os mando un besote enorme a las dos.
Nosotros aquí seguimos, un poco más cansados, pero deseosos de llegar a nuestro destino.
Cristina Gómez.
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Debido a diversas dificultades técnicas (esto es, unas veces por falta de cobertura, otras por falta de electricidad…), estamos un pelín atrasados con esto del blog. Os pido disculpas y os prometo que voy a intentar que nos pongamos al día
Por esta razón, no hemos podido daros una gran noticia que a todos nos ha llenado de felicidad: ¡Pablo y Anaïs ya tienen un nuevo hogar!
Pues sí, se nos marchan a Alemania, nada más y nada menos. Pero la noticia es doblemente buena, porque ha sido una pareja que, al enterarse de que durante el Camino, Pablo y Anaïs, se han convertido en amigos inseparables, los han adoptado a los dos. ¡¡¡¡Yuhuuuu!!!!
Otra buena noticia del día es que se unieron al grupo de peregrinos Ellen, Beate y Martin. Aunque llegaron en un día de mucha niebla, lluvia y frío, calentaron motores con su simpatía y nos trajeron de regalo energías renovadas, que falta nos hace en esta recta final.
Para ilustrar la noticia del día, os dejamos algunas instantáneas de estos dos chicos sinvergüenzas y amorosos. Les deseamos mucha suerte y felicidad en su nueva vida
Cristina Gómez.
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Algunas personas predican con la palabra lo que desmienten con el gesto. Sin embargo, otras son todo un ejemplo de valentía y coraje, honradez, simpatía, educación, calidez, alegría…
Son éstas, y no otras, las que merece la pena conocer.
En esta jornada, el incidente más relevante fue el accidente de Herta. Al poco de salir los peregrinos, y mientras Didi, Andrea (horses) y yo recogíamos el campamento, recibimos una llamada de Johanna contando lo sucedido: Herta se había caído y se había roto un brazo.
En ese momento, se arma un revuelo espantoso. Todos corremos para hacer lo que podemos. Se elabora un plan de emergencia que cambia cada dos minutos, a golpe de llamada de teléfono. Al final, Johanna para un coche que las lleva, a ella y a Herta, al hospital de Ponferrada.
Allí, y como pude comprobar posteriormente, gracias a la grabación en video que realiza Johanna, recolocan el brazo deformado de Herta, ante la divertida mirada de su propietaria.
Sí, han leído bien. Herta, con ese carácter afable que la caracteriza, aguantó como una campeona el dolor por su brazo roto, sin quejarse, sin mostrar enfado o preocupación o miedo. De vuelta al campamento se lamentó un poco por su mala suerte. ¿Y quién no lo haría?
Personalmente, cuanto más conozco a esta mujer, tanto más me gusta.
Porque a pesar del engorro que supone la escayola, no pierde la sonrisa ni las ganas, ni tampoco las fuerzas. Porque no pide ayuda, pero lo agradece todo con creces. Porque es muy inquieta y quiere comerse el mundo. Porque es todo un ejemplo a seguir, de ésos que merece la pena conocer.
En otro orden de cosas, pero no menos importante, debo hablar de la despedida de Tony, que volvió a casa, una vez terminada su peregrinación.
Debo decir que, a veces, puedes pasar horas, en este caso, días, con una persona y, sin embargo, en media hora, mientras la acompañas a la estación, puedes tener la conversación exacta que te permite conocerla.
Así, supe que ella también es un ejemplo de valentía, pero, sobre todo, de superación. Porque lo más importante no es si seremos capaces de subir una montaña, sino si seremos capaces de intentarlo, con todas, con la máxima ilusión. Ese simple gesto habla por la persona. Por ello, le deseo todas las fuerzas para disfrutar de cada día como si fuera una niña, siendo feliz.
Debo decir, para terminar, que Herta está en perfectas condiciones. Entre todos la mimamos un poco, la ayudamos a salir de su saco, a vestirse, a mover las maletas… Que nadie se preocupes, que aquí la cuidamos bien. De hecho, está tan bien que ya está caminando de nuevo, como buena peregrina que es.
Ya queda poco para llegar a nuestro destino. ¡Vamos a echarle energía!
Cristina Gómez.
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